La fortuna de vivir
Francia, años 30. Marismas del río Loire. Allí viven, modestamente, Garris y Riton, amigos inseparables. El primero, soltero, está a punto de encontrar su gran amor. El otro, casado, y con varios críos, es buen tipo pero siempre acaba metido en líos; él es la razón de que Garris aguante la vida en las marismas: para sacarle de apuros. Uno es la pelea que mantiene con un boxeador profesional, que promete venganza.
La amistad entre Garris y Riton, dos personajes con un aire de Quijote y Sancho Panza, es puesta a prueba en varias situaciones comprometidas. Pero su lealtad mutua resulta inquebrantable. Jean Becker, que adapta una novela de Georges Montforez, rodea a los dos protagonistas de tipos entrañables, amigos también: Amedée, soñador y devorador de libros, enamorado inconfeso de una viuda; Tane, el maquinista del tren; y Pépé, un anciano rico, dueño de una próspera fábrica, que logró salir de la miseria de las marismas, pero que no ha abdicado nunca de sus convicciones.
Gozada de película. Canto a la amistad –con todo lo que conlleva: generosidad, sacrificio, perdón, dedicación de tiempo...– y a la 'joie de vivre', manifiestada en el disfrute de las pequeñas cosas de la vida. El film, contado desde la óptica de la hija pequeña de Riton, conjuga comedia y melodrama, con un ritmo delicioso, muy de Jean Renoir, en medio de un hermoso entorno rural. La magnífica definición de personajes facilita el éxito de pasajes conmovedores, como el formidable final.