Crítica También en el cielo (2021)

La noche del parto
A finales del siglo XIX, la adolescente Lisbet, hermana mayor de una numerosa familia de granjeros, está feliz porque va a tener oportunidad de acudir a la escuela. Algo que no hace demasiada gracia al progenitor, que piensa que la mujer donde mejor está es en casa, pero en lo que se ha empeñado su embarazada esposa. Precisamente mientras el marido está ausente, ella se pone de parto, pero surgen complicaciones, por una hemorragia que no cesa.
Una de esas cintas escandinavas depresivas, sobre una familia cuya vida se desarrolla bajo el peso de costumbres ancestrales y el rigor de la religión luterana. Dirige Tea Lindeburg, cuya experiencia previa incluye cortos y episodios de series televisivas.
Exquisitamente fotografiada, especialmente los tramos nocturnos en claroscuro, viene a ser un dibujo costumbrista de una época en que, se quiere apuntar, la frescura e inocencia de la infancia se marchitan por los códigos que imperan en el mundo de los adultos, y ante los cuales sólo cabe la sumisión o la rebeldía silenciosa. También aborda cuestiones como la maternidad, la fraternidad y la dificultad en aceptar el sufrimiento y las contradicciones.
El film, doblemente premiado en San Sebastián, es bastante simple, y juega con ideas como el despertar sexual y las dudas de los más jóvenes acerca de la religión, algo que se expresa en el título y en la dificultad de pronunciar, al rezar el padrenuestro, la frase “hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo”, cuando tal voluntad no coincide con los deseos del que ruega. Es esa visión algo infantiloide de creer en Dios si Él hace lo que yo quiero, en caso contrario, todo el edificio de creencias se puede tambalear y venir abajo